
La Marcha a Bruselas arribó ayer a Compiegne. En un día, que con motivo de la muerte de José Antonio Labordeta, queríamos dedicar a su memoria. Con pena y dolor recibimos la noticia de su muerte, por ello nada mejor que hacer lo que todos los días hacemos, caminar, caminar con su recuerdo y con sus canciones.
Llegar a Compiegne supuso para todos nosotros un mazazo. Algunos ya conocían esta ciudad y el destacado e indeseable lugar que ocupo durante la II Guerra Mundial. Otros de nosotros no sabíamos del campo de concentración, de los 53.000 asesinados durante la ocupación nazi, pero la contemplación de su memorial nos devolvió de golpe a la dura realidad de la barbarie, la sinrazon y el odio.
Junto a nuestros compañeros de Solidaires Culture de Compiegne, vimos este recordatorio de lo que nunca debió ser, todos juntos y cada uno a su manera, expresamos nuestro deseo de que nunca los pueblos y los seres humanos tengamos que enfrentarnos en una guerra tan fraticida y aniquiladora como aquella o en cualquier otra. Sabemos que la cultura y la solidaridad, entre otras muchas cosas, ayudan a superar los conflictos.
Seguimos en la Francia mas profunda. En algunos lugares nos miran con recelo y en otros directamente la presencia de nuestro compañero senegalés se contempla con suspicacia. La extrema derecha manda mucho por aquí.



