
Las primeras gotas de la tormenta pirenaica descargan sobre el puerto de Las Paules. La lluvia siempre dispara la alarma entre los marchistas por su nefasto efecto en los pies llagados por las ampollas. Pese a que agosto muere poco a poco todavía se conserva una temperatura inusualmente tibia en la comarca oscense de la Ribagorza. Conforme enfilamos hacia Francia recogemos constantemente apoyos y comentarios en la ruta. La gente ya no pregunta ¿quiénes sois? o ¿donde vais?. Demasiado saben que esta es la Marcha a Bruselas contra la reforma laboral y por los derechos sociales. Ahora tan solo nos dan recados como quien solicita canciones dedicadas a su grupo favorito: “Decidles en Bruselas que los jóvenes no podemos comprarnos una casa para vivir independientes”. “Cuéntales que jubilación me quedará en estas condiciones”. “Que sepan en Bruselas que a mi hermana la han echado a la calle tras 27 años de trabajo con cuatros perras” Esto nos cuentan los currantes que arreglan la carretera como si de la carta a los Reyes Magos se tratase. Con un punto de ingenuidad. Como no llegando a creerse que se pueda tratar de forma tan injusta a gente normal. En el camping sestea la gente de vacaciones. Un tipo de Cáceres apura la copa de pacharán mientras ojea el diario plácidamente. “Tenéis un par ….nos dice mientras cruzamos la zona de acampada, cargados de mochilas y banderas, en dirección a las duchas. ¡Bendito cacereño!



